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MEGAPODER – MEGAGRACIA

 


“Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno
decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en
común. Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del
Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos”.
Hechos 4:32-33
Conversación previa: En Hechos 2:44 y 45 vemos el corazón compartido de la iglesia
primitiva. Esos versículos nos dicen cómo compartían entre ellos e incluso vendían
sus posesiones para ayudarse mutuamente. Eso era cierto de la iglesia cuando eran
alrededor de 3.000. Ahora, el número de cristianos era mucho mayor y todavía
tenían ese corazón compartido.
La unidad en la iglesia primitiva no era unidad de conformidad, donde todos eran
presionados para ser exactamente iguales. Esta unidad era algo más grande que
eso; era la unidad de mi Espíritu, centrada en mi Hijo Jesús.
Debido a esa unidad, tenían todas las cosas en común. Reconocían que la
propiedad de todo era mía; todo me pertenecía a Mí y a mi pueblo. Debido a que
Yo había tocado sus vidas tan profundamente, les resultaba fácil compartir todas las
cosas en común.
¡Era maravilloso ver la unidad y generosidad de estos primeros cristianos! Sin
embargo, esos corazones centrados en mi Hijo Jesús también experimentaron algo
más: con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección de mi Hijo
Jesús. Este gran poder era, paradójicamente, tanto el resultado como la raíz de su
actitud unificada y generosa. Me ponían a Mí en primer lugar, a las personas en
segundo lugar y a las cosas materiales en un distante tercer lugar.
Puedes leer que abundante gracia era sobre todos ellos. La gracia es mi favor sobre
el ser humano. Puedes decir que mi gracia es mi sonrisa desde el cielo. Es mi favor y
bondad para mi pueblo. Aún mejor, ésta no era sólo gracia, era una gran gracia,
esta era una “megagracia”. Y la expresión gran poder puedes entenderla como
“megapoder”. Recibe mi megapoder y mi megagracia. ¡Son para ti también!
Oración: Bendito Padre celestial, te agradezco por proveer gracia y poder para mi
vida. Gracias por poner en mi corazón tu generosidad. En el Nombre de Jesús.
Amén.

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